lunes, 14 de marzo de 2016

Escúchate y serás libre


Por Francisco Galvão, novicio paulino, Brasil


Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras.
                                                                    (William Shakespeare)

Ah, si yo me escuchase más...
Mis palabras serían menos vacías y más llenas de verdad;
Mis abrazos serían más intensos y acogedores;
Yo sería más compasivo conmigo mismo y menos cruel con los demás;
Mis actitudes y decisiones serían más libres y conscientes;
Yo sería menos rehén de las opiniones de otros y preguntaría menos “¿qué harías en mi lugar?”;

Ah, si yo me escuchase más...
Viviría menos fuera de mí y exploraría más las bellezas de mi interioridad;
Yo enfrentaría a las cruces con más paciencia y menos lamento;
Me preocuparía menos con las críticas y apreciaría más las alegrías de cada amanecer;
Viviría más intensamente el tiempo presente y anticiparía menos las preocupaciones del mañana;
Aprovecharía mejor las oportunidades y sería menos esclavo de mi propia acomodación;

Ah, si yo me escuchase más...
Mi vida sería más plena de sentido. Mi amor sería más puro. Mi fe sería más auténtica.

Solamente cuando me escucho, cuando soy capaz de silenciarme delante de mí mismo es que estoy apto para descubrir quien realmente soy y que valor tengo ante la vida. Si no soy capaz del silencio, si me cuesta un momento de soledad, es probable que mis relaciones también sean frágiles y efímeras. La escucha es fundamental no solamente para el proceso de autoconocimiento, sino también para el verdadero encuentro con Dios y con las personas. Solamente una persona silenciosa es capaz de discernir lo que realmente importa en su vida. Por tanto, como enseña el proverbio hindú, “cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”.


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