miércoles, 5 de abril de 2017

LOS HE LLAMADO AMIGOS

Cuando en los Evangelios se nos dice que Jesús sube a la montaña, lo hace para orar, para comunicarse con su Padre. Según el texto de bíblico de San Marcos “Después subió a la montaña y llamó a los que Él quiso” (3,13). A lo largo del camino eligió a doce, a los cuales les llamo amigos (Jn 15,15) estos se convirtieron básicamente en su familia.

El Maestro, como es costumbre debe enseñar, explicar y guiar a sus discípulos. Jesús no es la excepción. La Sagrada Escritura nos dice que los discípulos en diversas ocasiones le pidieron que les enseñara “Señor enseñamos a orar” (Lc 11.1) y Este en muchas ocasiones también los reprendió “¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás?” (Mc 4,13).  Observamos que el Maestro siempre formó a los que Él eligió y no lo hizo para que permanecieran con Él, todo lo contrario, los envió para que ellos también enseñaran y formaran más personas (Mt 28,19).

Jesús llamó a los apóstoles a una tarea fundamental, a una vocación, la cual exige unos elementos: La llamada, todos estamos llamados por Dios a una tarea específica y es necesario dar una respuesta. La Consagración, es una invitación a vivir una intimidad con el Maestro y a su vez a ser trasmisores de su mensaje. Él no los retuvo para sí, todo lo contario, los envió (Lc 10, 1) para que fueran un vivo ejemplo de su vida, y así contagiar a muchas personas para que acogieran el mensaje de salvación.

Para el Hijo de Dios son tan importantes sus amigos, que paso toda una noche orando para realizar una buena elección (Lc 6, 12-13). Jesús oró para para elegir a las personas que lo acompañarían en el trascurso de su vida pública. Si nosotros optamos por un seguimiento fiel a Cristo debemos: orar, renunciar a todo, modelarnos al estilo propio de Jesucristo y buscar ante todo la santidad. Jesús promete a sus discípulos que nunca estarán solos y de esta manera también nos lo promete a nosotros, pues con nosotros estará siempre el Espíritu Santo.
Por: Juan José Rios Torrado.
Aspirante Pauliuno.

SEMANA SANTA, TIEMPO DE AMOR Y REDENCIÓN

La Semana Mayor, que comúnmente llamamos Semana Santa, es el tiempo más intenso del calendario litúrgico: En este tiempo meditamos la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Lamentablemente, muchas personas que se hacen llamar cristianos católicos, lo han tomado como una semana de receso escolar o laboral, donde salir a vacacionar es más importante que conmemorar el trance de Cristo camino a la Cruz por nuestra redención.

La Semana Santa inicia con el Domingo de Ramos, dia en el cual Jesús ingresa a Jerusalén, montado en burrito. Muchas personas lo esperaban con ramos, gritando a viva voz “Hosanna el Hijo de David ¡bendito el que viene en el nombre del Señor!” (Mt 21, 9). Los primeros días de la Semana Santa (lunes, martes y miércoles) son una preparación para el Santo Triduo Pascual. En estos días debemos buscar el sacramento de la Reconciliación, si aún durante la cuaresma no lo hemos realizado.

El Triduo Pascual inicia el Jueves Santo. En este día Jesús celebra la última cena con sus discípulos e instituye los la Eucaristía, el Orden Sacerdotal y el mandamiento de amor. En este día se ve reflejado el amor tan grande que nos tiene el Maestro, pues quiso quedarse con nosotros en la Eucaristía. El Viernes Santo, acompañamos a Jesús camino al Calvario. En este día el Salvador del mundo muere colgado en un madero y lo hace para que todos los hombres tengamos la redención y el perdón de nuestros pecados.

El Sábado Santo es un día lleno de alegría: pasamos del luto al gozo, ya que Jesús ¡Resucito! pues como dice el apóstol Pablo “si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra predicación, y vana también vuestra fe” (1 Cor 15,14). En este mismo día por la noche celebramos la madre de todas las vigilias, denominada la Vigilia Pascual. Todos los cristianos católicos vivimos la alegría del paso de la muerte a la vida. El domingo de pascua celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte, donde se nos da el regalo más grande y hermoso que Dios pudo dar a sus hijos, la vida eterna.

Los cristianos debemos vivir este semana con mayor entrega y reflexión, mostrándonos siempre serviciales a la misión que esta Semana Mayor nos demanda, pues para nosotros como Sociedad de San Pablo no es la excepción, saldremos a diferentes partes de Colombia, tales como: Pitalito, Almeida,  Cogua,  Cachipay, Mariquita, Neiva, entre otros municipios, a anunciar la buena nueva de Cristo Salvador. Por ello, es importante que esta Semana sea un motivo para que abramos las puertas de nuestro corazón y con una fe radiante proclamemos que nuestro Dios no está muerto. Pues Él, esta ¡VIVO!  

Por: Juan José Rios Torrado
Aspirante Paulino


jueves, 30 de marzo de 2017

La Misión del P. Alberione: Mostrar a Cristo con los medios de hoy

Se puede entender que el Beato Santiago Alberione, ante el Santísimo Sacramento (en la noche de cambio de siglo), siente un profundo llamado de responder a la necesidad de usar los medios de comunicación para el anuncio del Evangelio (AD 13).  En su momento, los Meduios de Comunicación no eran vistos con buenos ojos por la Iglesia Católica. Y apoyándose en lo que dice el Apóstol San Pablo en Rm 10, 14-17 y, la Carta Encíclica Tametsi Futura, considera que hay que empezar a trabajar en la evangelización teniendo el mundo entero como parroquia, y esto no podía hacerse sino teniendo a los medios de comunicación, sirviendo para la difusión del evangelio. 
Pero, ¿cómo van a invocar a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar? ¿Cómo van a oír sin que se les predique? ¿Y cómo van a predicar si no son enviados? Como dice la Escritura: ¡Qué hermosos son los pies de los que anuncian el bien! Pero no todos obedecieron a la Buena Nueva. Porque Isaías dice: ¡Señor!, ¿quién ha creído a nuestra predicación? Por tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación, por la palabra de Cristo (Rm 10, 14-17).
El apóstol San Pablo, en la Carta a los Romanos, es enérgico en afirmar que es tarea de todo cristiano el anunciar la Buena Nueva, es un deber transmitir el Evangelio a quienes no lo conocen. Teniendo esto en cuenta, el P. Alberione determina que el carisma de la Sociedad de San Pablo es de transmitir el Evangelio Con los medios de comunicación más eficaces. Este carisma es el modo de vivir el Evangelio y todo Paulino debe vivir en pos de ese encargo.

Pero ¿Cómo vivimos ese encargo?, el P. Alberione lo expresa claramente al afirmar que se debe vivir el Evangelio tal cual como fue comprendido y visto por San Pablo. 

La obra Abundantes Divitae Gratiae Suae, es el documento por excelencia para conocer los orígenes y los elementos fundamentales del carisma de la Familia Paulina y en especial de la Sociedad de San Pablo. Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, este libro es el fundamento de la identidad paulina. 

La historia del nacimiento de la Familia Paulina, está marcada por los sucesos que acontecieron a finales del siglo XIX, y los inicios del siglo XX, tales como el crecimiento de la industria, la consolidación de los periódicos en las ciudades, corrientes de pensamiento de índole modernista y la apertura a los derechos de la mujer, junto con la contraposición del Estado contra la Iglesia; junto con varios sucesos que a nivel eclesial se van gestando para producir una renovación y una apertura misionera de la misma, ayudan a que el P. Alberione medite sobre el carisma que se le debe dar a la Familia Paulina.

También se debe tener en cuenta que, la vida del beato Santiago Alberione está orientada por una experiencia espiritual, reflexiona cuidadosamente todo lo que sucede en su vida y trata de aprender de esto, para así entretejer todo, teniendo así un conocimiento de la sociedad que lo rodea y el carácter misionero con el que se identifica, lo hace pensar de como estar en el mundo y salvarlo al mismo tiempo.

LA DEVOCIÓN A JESUCRISTO DIVINO MAESTRO

Normalmente cuando oímos la palabra devoción, a nuestra cabeza llegan las imagines de las señoras y señores que piadosamente van todos los días a las misas y reuniones de la parroquia, los cuales pareciera que hicieran parte del inventario de la misma, pero esto ¡no es devoción! La devoción es un estilo de vida, es una entrega total a un ideal propuesto. En nuestro caso, como paulinos, la DEVOCIÓN va arraigada a Jesucristo Divino Maestro.

La actividad espiritual es el carisma propio dado por el fundador, quien supo captar la voluntad de Dios, convirtiéndose en el carisma apostólico. Como Sociedad de San Pablo, estamos llamados a dar a conocer a Jesucristo: Camino, Verdad y Vida a través de los medios más rápidos, y eficaces de la Comunicación Social.

“La vida religiosa existe incluso, sin sacerdocio e incluso sin apostolado, pero no puede existir sin el esfuerzo y el empeño de alcanzar la santidad” esta es una frase del Beato Santiago Alberione, que nos invita a una vida arraiga a la santidad. El Fundador tiene una particular visión de Cristo en el Evangelio y un anhelo de seguirlo y servirlo de una forma especial en los hermanos.    

La Espiritualidad Paulina responde a la gran necesidad que tiene el hombre de hoy. Desde los medios de comunicación, anunciamos la salvación a tantas personas que tienen sed de Dios. pero, para ello hemos de impregnar de Cristo toda nuestra vida: mente, voluntad y corazón. 

Por: Juan José Rios Torrado
Aspirante Paulino
 


martes, 24 de enero de 2017

SAN PABLO: LA IGLESIA ES EL CUERPO DE CRISTO

Retomando el pasaje de la conversión de san Pablo (Hch 9, 4 s) en la que el Señor le dice: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Pablo le pregunta "¿Quién eres, Señor?", a lo que recibe la respuesta "Yo soy Jesús, a quien tú persigues", vemos que Pablo al perseguir a los miembros de la Iglesia perseguía a Jesús mismo.

San Pablo dice en su primera carta a los Corintios: "¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?", para san Pablo  Cristo y la Iglesia se encuentran unidos del mismo modo que según el Génesis, el hombre y la mujer llegan a ser una sola carne, así también Cristo con los suyos se convierte en un solo espíritu, es decir, en un único sujeto a través de la resurrección.

A este respecto el papa Benedicto XVI dice en su homilía de inauguración del año paulino en 2008: “Para san Pablo, las palabras sobre la Iglesia como Cuerpo de Cristo no son una comparación cualquiera. Van más allá de una comparación. "¿Por qué me persigues?". Cristo nos atrae continuamente dentro de su Cuerpo, edifica su Cuerpo a partir del centro eucarístico, que para san Pablo es el centro de la existencia cristiana, en virtud del cual todos y cada uno podemos experimentar de un modo totalmente personal: él me ha amado y se ha entregado por mí”.

Todos los cristianos estamos llamados a ser Cristo vivo hoy como lo fue san Pablo, a ser los pies de Cristo que anuncian el evangelio, a ser las manos de Cristo de dan generosamente, a ser el corazón de Cristo que ama desinteresadamente, le pedimos a Dios que nos dé la gracia del Espíritu Santo para que esto sea una realidad. San Pablo apóstol, ruega por nosotros.



miércoles, 18 de enero de 2017

MARÍA, MODELO DE VIRGINIDAD Y CASTIDAD CONSAGRADA

María fue considerada desde un principio como prototipo y modelo de las almas vírgenes. Esto supone que ya desde el siglo IV era creencia universal la perpetua virginidad de María.

El primer testimonio que poseemos en este sentido es un texto de Orígenes (año 254) en el que afirma que es conforme a la razón atribuir a Jesús las primicias de la virginidad respecto a los varones y a María respecto a las mujeres. «No me parece acertado (eúphemon) atribuir a otra que a María las primicias de la virginidad». San Atanasio (año 373) tiene una larga carta, conservada en copto, en la que propone a María como la forma o el espejo en el que se deben contemplar las vírgenes de su tiempo. La propone como modelo de todas las virtudes, pero insiste en la virginidad.

En esta carta se inspiró san Ambrosio (año 397), que es el que más ampliamente desarrolla este aspecto de la ejemplaridad de María en varias de sus obras consagradas a las vírgenes: «Sírvaos la vida de María de modelo de virginidad, cual imagen que se hubiese traslado a un lienzo; en ella como en un espejo brilla la hermosura de la castidad y la belleza de toda virtud».

La Virgen María es la imagen perfecta de toda virginidad, «cuya vida pasó a ser norma para todas las vírgenes. Si, pues, nos agrada la maestra ensayemos en nosotros sus obras, de suerte que para obtener semejante gloria en la pureza, imitemos sus ejemplos».

No debe extrañarnos, por consiguiente, que la llame «maestra de la virginidad», Y no contento con esto, añada que es fuente de pureza, porque inspira e infunde pureza a los que entran en contacto con ella: lo fue para Juan el Bautista, para Juan el discípulo amado, para el mismo José su Esposo. Lo sigue siendo para innumerables almas que se inspiran en este modelo, para tantos hombres y mujeres que consagran a Dios su virginidad y la invocan confiados en sus dificultades y peligros.


Fuente: Diccionario Teológico de la Vida Consagrada, Ángel Aparicio Rodríguez



martes, 10 de enero de 2017

LOS VOTOS COMO EXPRESIÓN DEL RADICALISMO BAUTISMAL

Los votos de pobreza, castidad y obediencia quieren ser expresión de una actitud interior de entrega incondicional por amor. El amor es único, indivisible; sus expresiones son múltiples.

Pobreza, castidad y obediencia son como tres puertas por las que se entra en una misma habitación: la disposición interior de entrega total. Los votos no crean un estado adquirido, sino que inician un proceso y, por tanto, exigen respuesta cada día. Tienen una dimensión social. No son sólo un compromiso con Dios, sino que se proyectan hacia la sociedad. Son un anuncio y una denuncia.

Tal vez los mismos religiosos desconocen esa dimensión social. Deberían interiorizar esta realidad para convertir su testimonio en un grito profético para el mundo de hoy.

Podemos sintetizar todo lo dicho diciendo que ser religioso es vivir intensamente el dinamismo de la consagración bautismal hoy y en la realidad, de un modo que nos interpela.



Fuente: Diccionario Teológico de la Vida Consagrada, Ángel Aparicio Rodríguez